169. El Rostro de la Traición.
Sentía el enorme fuego de mi loba pidiendo salir, las uñas profundamente enterradas en mi interior, con todo el deseo de saltar sobre ella y de matarla. Porque ella había sido la culpable de todo.
Entonces me transformé. Pude sentir cómo la ropa se rasgó. Salí corriendo hacia donde ella estaba; sus ojos oscuros, como los de una salamandra, me observaron con miedo. Sabía que tendría miedo. Y claro que debía tener miedo, porque iba a matarla. Iba a matarla por lo que me había hecho, por la enorme