170. Promesas ante el Laberinto.
Casi que de forma inconsciente, extendí mi conciencia hacia Santiago. Ahora entendía muy bien a lo que se refería Maximiliano cuando me dijo que nuestra telepatía era absurdamente importante, que antes de las palabras nuestra mente iba primero. Pero Santiago me apartó de golpe; no quería mi presencia ahí.
— Lo siento, mi Luna — me dijo.
Y yo avancé hacia donde él estaba sentado en la cama. Venus estaba arrodillada a su lado, con sus manos puestas en sus rodillas. Parecía que simplemente estab