15. No por él.
Maximiliano siguió explorando el interior de mi intimidad con su dedo. Incluso podía yo sentir cómo estaba acelerado su corazón. Lo movía con una habilidad extraordinaria, y en ese instante me atravesó un pensamiento: seguramente muchas mujeres se habían pasado por su cama, las suficientes como para que tuviera ese tipo de experiencia. Y por un solo segundo sentí una extraña sensación incapacitante en el estómago, pero fue erradicada de inmediato cuando el dedo quedó un poco más profundo.
— Mira qué estrecha estás — dijo, mientras seguía entrando con su dedo en mi interior.
Cuando apartó su boca de uno de mis pezones, pude sentir la frialdad que lo invadió de repente. Tuve el impulso de tomarlo por el cabello y presionarlo nuevamente para que continuara en mí, y cuando él vio la excitación que cruzaba por mi rostro, sonrió prohibidamente sexy.
— Te lo dije — murmuró, mientras se acercaba para besarme nuevamente la boca. Luego se detuvo para volver a mirarme — Te dije que podríamo