15. No por él.
Maximiliano siguió explorando el interior de mi intimidad con su dedo. Incluso podía yo sentir cómo estaba acelerado su corazón. Lo movía con una habilidad extraordinaria, y en ese instante me atravesó un pensamiento: seguramente muchas mujeres se habían pasado por su cama, las suficientes como para que tuviera ese tipo de experiencia. Y por un solo segundo sentí una extraña sensación incapacitante en el estómago, pero fue erradicada de inmediato cuando el dedo quedó un poco más profundo.
— Mi