14. A la merced del Alfa.
No sabía cómo iba a librarme, cuando estaba en la cama prácticamente sin ropa, tentándome a probar, asegurando que no me arrepentiría, y yo estaba segura de que sí, claro que me arrepentiría. ¿Cómo no iba a arrepentirme de meterme a la cama con el hombre que me había desgraciado la vida?
No se me hubiera hecho extraño que él mismo hubiera sido mí comparador cuando mi padre me vendió hace muchos años, pero luego descarté la posibilidad: no me llevaba tantos años de edad. Cuando mi padre me vendi