El cementerio de Saint-Pierre se convirtió en una trampa de mármol y ecos. El estruendo del rifle de precisión aún vibraba en los oídos de Alessandro mientras arrastraba a Maya detrás de la pesada base de una estatua de un ángel degollado por el tiempo. Las balas de los francotiradores no buscaban solo matarlos; buscaban inmovilizarlos hasta que las unidades de tierra de la mafia corsa cerraran el círculo.
—¡Fuego de cobertura, ahora! —rugió Alessandro, entregándole a Maya un cargador adicional