La luz del sol se filtraba por las rendijas de la cabaña como si fuera un invitado no deseado. Abrí los ojos con pesadez, sintiendo una extraña calidez a mi espalda. Tardé unos segundos en procesar dónde estaba: la cabaña, las llaves en la mesa, y el hecho de que no estaba sola.
—¿Pero qué demonios...? —exclamé al sentir el peso de un brazo sobre mi cintura.
Me incorporé de golpe, sacudiéndome como si tuviera hormigas en la ropa. Kyler, que parecía haber estado durmiendo como un tronco, se desp