La mansión Knight, que alguna vez fue mi prisión dorada, se sentía esta noche más pequeña, más sofocante que nunca. Entré sintiendo el peso de cada decisión tomada en la última semana, con los huesos aún doloridos por el incendio y el alma hecha jirones tras la partida de Kyler. Enzo me había dejado en la puerta, con esa mirada llena de una preocupación silenciosa que me dolía, pero no podía invitarlo a pasar. Esta batalla tenía que pelearla sola.
Nada más cruzar el umbral, el olor a whisky bara