Valeria se quedó mirando las tres hojas que tenía en las manos. El corazón le latía tan fuerte que sentía que le iba a salir del pecho.
Terminó de leer la carta en silencio. Mateo había escrito cada palabra con miedo, pero también con una honestidad brutal.
“...Cuando te vi parada en esa carretera, empapada y llorando, no fue solo lástima lo que sentí. Fue algo más fuerte. En ese momento supe que quería protegerte. Aunque mi vida era un desastre, aunque yo mismo estaba huyendo, decidí que tú ib