La cuarta noche trajo consigo un silencio que pesaba más que cualquier tormenta.
Alma Nova ya no confiaba en su propio cuerpo. La marca en su tobillo izquierdo se había convertido en una rama completa, con cinco hojas pequeñas que se movían suavemente incluso cuando no había viento. Cada vez que intentaba ignorarla, la rama pulsaba, recordándole que el bosque estaba dentro de ella ahora.
Se había encerrado en la cabaña desde el amanecer. No había comido. Apenas había bebido agua. Sus ojos estab