La niebla se volvió tan espesa que Alma Nova apenas podía ver sus propias manos.
La versión adulta de sí misma seguía bailando en el centro del círculo, radiante, completa, con raíces que parecían joyas vivas subiendo por sus piernas. La Alma Nova del futuro la miraba con una compasión que dolía.
—Ven —le dijo su yo futuro—. Mira lo que te espera si te vas.
De pronto, la niebla cambió. El círculo desapareció y Alma Nova se encontró parada en medio de una ciudad gris, muchos años después. Tenía