Capítulo 88 —Solarium
El aire dentro del consulado se sentía más pesado que de costumbre. Al cruzar las puertas, Ivanka sintió cómo su cuerpo se ajustaba automáticamente a la armadura invisible que llevaba puesta: la de Martina Soler. Sus hombros se encogieron apenas un milímetro, su mirada se volvió ligeramente más baja, más sumisa, y sus pasos perdieron la cadencia firme de una mujer que sabe a dónde va para adoptar el andar vacilante de alguien que todavía busca su lugar en la jerarquía.
Rais