Capítulo 92 —El filo del tiempo
Dante no soltaba el abrazo de Ivanka. Sentía su piel contra la suya, un anclaje necesario ante la marea de recuerdos que le golpeaban el cráneo con la fuerza de un martillo. La habitación olía a ellos, a la verdad recuperada y a esa calma tensa que precede a las grandes decisiones. No se atrevía a dejarla ir, como si temiera que, si soltaba el contacto, la realidad se desvaneciera nuevamente en la bruma de la amnesia. El silencio de la cabaña no era vacío, estaba