Capítulo 89 —La trampa de la intimidad
La oficina de Raisa, a esas horas de la noche, se había transformado en un recinto hermético. El consulado estaba desierto, sumido en un silencio sepulcral, lo que hacía que el leve zumbido del aire acondicionado y el tintineo de los cubitos de hielo en las copas de cristal sonaran como disparos en la penumbra. El despacho, parecía asfixiarse bajo la luz de una lámpara de pie. Ivanka, servía el vino con manos firmes, aunque por dentro sus nervios eran una