Capítulo 65 —La voz del poder
El silencio que siguió a la tormenta no era de paz, sino de postración. Sus cuerpos, aún entrelazados y cubiertos por la película pegajosa del sudor, compartían un ritmo cardíaco que poco a poco se acompasaba. Ivanka, con los músculos todavía vibrando por el efecto del clímax, intentó apartarse. Necesitaba aire, necesitaba distancia para procesar que el mundo seguía existiendo fuera de esas paredes. Pero, apenas se movió, el brazo de Dante se cerró sobre su espalda