Capítulo 54—El rito del renacimiento
El silencio que siguió a la partida del tatuador ya no era un espacio de tensión, sino una complicidad naciente. El penthouse parecía más grande, y el aire, más ligero ahora que el estigma de Fagundez había sido sustituido por las alas que ella misma había elegido. Las horas transcurrieron en una calma inusual, como si el apartamento contuviera la respiración.
Dante la observaba desde la penumbra. Se acercó a ella con la calma de quien sabe que la urgencia y