Capítulo 56 —El eco de la traición
El silencio que siguió al grito de Ivanka no era vacío; era una barrera de hormigón reforzado. Dante permanecía de pie en el centro del salón, con el rostro transfigurado. La estupefacción inicial, esa chispa de asombro por escuchar finalmente el sonido de su voz, se había extinguido, devorada por una oleada de ira fría y metódica.
—¿Raisa? —repitió él, ignorando deliberadamente el nombre que ella había escupido, ignorando la carga que ese nombre llevaba. Se a