Capítulo 55 —El espectro de la voz
El sol de la mañana se filtraba por los ventanales del penthouse, bañando la estancia con una luz dorada que resultaba casi obscena ante la oscuridad que Dante solía habitar. Al despertar, el lado de la cama donde debería estar Ivanka estaba vacío. Se estiró, dejando que la calma del momento recorriera sus músculos, y se dirigió a la ducha. El agua caliente golpeó su piel, pero no logró disipar una extraña sensación de premonición que le revolvía el estómago.