Lyra no supo cuánto tiempo ya había pasado sentada en el mismo lugar, encerrada en esa sucia jaula, en dónde el frío y el ruido nunca se iba del todo.
Siempre había pasos a su alrededor, voces lejanas, metal golpeando metal y respiraciones nerviosas, ella siempre estaba atenta, viendo como más jóvenes eran golpeados y encerrados, y ya no sabía qué esperar.
¿Qué esperanzas le quedaban?
Pero después del ataque, algo había cambiado, no era que finalmente había silencio, era otra cosa, como una