Tiempo después, el movimiento en la manada había cambiado, había más orden, había más estructura y también, con el alfa Ares, de nuevo en la manada, había una dirección más llena de esperanza.
Pero era una dirección en la que Lyra seguía sin encontrarse a sí misma.
— Yo creo que… Ya es el momento. — Soltó Lyra y no fue una pregunta.
La abuela Mara, que estaba al frente de ella, la observó por largo rato.
Ambas estaban en la sala de la pequeña cabaña privada que Ares y Selina le habían asign