El regreso al refugio no tuvo nada de triunfal, no hubo celebración, ni risas nerviosas, ni esa euforia torpe que suele seguir a una victoria parcial.
El bosque los recibió en silencio, como si observara con atención a ese grupo irregular de lobos que avanzaba entre los árboles cargando heridos, sosteniendo a jóvenes que aún temblaban y guiando a quienes caminaban sin saber muy bien hacia dónde iban.
El refugio ya no se parecía al escondite improvisado que Ares y Leo habían creado en un prin