En la oscuridad de un bosque que Ares conocía mejor que nadie, él se movía como una sombra entre sombras hasta que algunos olores desconocidos lo obligaron a detenerse.
Era justo lo que Ares buscaba, un pequeño campamento de desertores, que lo esperaban, refugiados en un pantano.
Uno de ellos extendió un paño oscuro hacia la mano de Ares, este lo abrió, adentro, había símbolos antiguos tallados en piedra negra, eran runas.
— Señor, son runas anteriores a las manadas, hechas por las antiguas