Sin ver bien, sin pensar, Roth embistió a Eros con una furia que no tenía forma, lo derribó y esta vez no se detuvo.
Lo golpeó una vez, luego otra y otra más, lo mordió, y por más que Eros intentaba soltarse con golpes y garras, Roth no lo soltó, solo gruñía, con un sonido bajo, inhumano y profundo.
Eros intentó resistir desesperándose y por un instante dudó y eso fue suficiente, Roth lo sometió, no fue una lucha elegante, ni limpia, pero fue efectiva.
Roth lo tomó por el cuello al tiempo qu