El malestar comenzó días antes, no fue inmediato, ni evidente, al inicio Selina creyó que era simplemente cansancio.
El cuerpo más pesado, el sueño más profundo, una especie de lentitud que no lograba sacudirse, como si algo dentro de ella estuviera cambiando de ritmo.
— ¿Estás bien? — Preguntó Ares una noche, observándola más de lo normal.
— Solo estoy cansada. — Selina asintió.
Pero ella sabía que no era eso, porque cuando se quedaba en silencio, lo sentía.
No era dolor, era una presenci