Elara no se movió, Selina esperó el rechazo, el insulto, el “vete al médico, estás delirando”, pero no dijo nada, solo bajó la mirada y la puso sobre el vientre de Selina otra vez.
— ¿Y eso…? ¿Es de él? ¿Sabes lo que es? — Preguntó Elara, muy bajo.
— No. — Selina sintió que se le trabó la garganta.
— ¿Lo hablaste con él? — Elara apretó los labios.
Selina soltó una risa breve, amarga y luego negó con un movimiento de cabeza, nerviosa.
— Es que… Todavía no sé si él… — Selina se quebró. — No