Lyra no esperó hasta a la mañana, ella no era del tipo de mujer que se tragaba el momento y que esperaba cuando tenía algo que decir, y esa noche tenía demasiado.
Leo intentó detenerla con una mano en el brazo cuando la vio dirigirse hacia el ala principal de la manada.
— Lyra. — Leo la llamó con una voz baja, de advertencia.
— Necesito verlo ahora. — Lyra sí se detuvo y giró hacia Leo con el entrecejo arrugado.
— Si vas así, ahora mismo, él sabrá que estás alterada. — Intentó persuadirla