Leo no había logrado dormir nada, no era la primera vez que pasaba la noche despierto cuando algo no le cuadraba.
Su instinto de beta no se apagaba con la luz, sino todo lo contrario, se afinaba en la oscuridad como un instrumento que necesitaba silencio para escuchar lo que el ruido tapaba durante el día.
Y en esa manada había demasiado silencio del tipo equivocado.
Los guardias del alfa Daven rotaban cada cuarenta minutos, eso era normal.
Lo que no era normal era que dos de esos guardias