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Capítulo 2 — Una declaración de guerra

El temblor en la tierra se detuvo de golpe, el aire dejó de susurrar, nadie se movió, nadie respiró, todos se quedaron petrificados con lo que acababa de ocurrir.

Lyra abrió los ojos, sorprendida y cuando entendió lo que había hecho, el mundo se le vino encima.

—     Niña estúpida… — Gruñó el alfa arrancando la raíz de un tirón. — ¡¿Acabas de atacar a un alfa?!

—     Yo… — Lyra dio un paso atrás, confundida, ¿Qué acababa de ocurrir? ¿Cómo perdió el control así? — Yo no pretendía…

El alfa tiró la raíz al suelo con rabia, como si nunca hubiera tenido vida y dio un paso amenazante al frente, hacia Lyra.

Y de inmediato, Leo hizo lo mismo, dio un paso al frente interponiéndose entre el alfa y Lyra como un muro.

Él la iba a proteger sin importarle que Lyra le hubiera pedido antes que no se metiera.

—     Da un paso más y lo consideraré una declaración de guerra… — Amenazó Leo al alfa, ya preparado para atacar.

El alfa se detuvo.

—     Mi intención no era atacarlo, alfa… — Intentó Explicar Lyra, desde atrás de Leo, pero ya era tarde.

El miedo estaba ahí, la duda ya estaba ahí, no solo en el alfa, sino en toda la manada.

—     Es peligrosa.  — Dijo alguien.

—     Es inestable.

—     No es una líder… es un riesgo.

—     No es digna…

—     Es solo una humana bruja…

Los lobos comenzaron a acercarse a Lyra y a Leo, el círculo se cerraba a su alrededor, los tenían rodeados, parecían querer atraparlos al tiempo que los acusaban.

Cada palabra, cada acusación, era un golpe para Lyra, un golpe que volvía a agitar algo dentro de ella, y entonces alguien levantó la voz.

—     ¡Suficiente!

La voz cortó el aire como un cuchillo, firme, segura, incuestionable, todos se giraron, incluyendo a Lyra y lo vio.

Roth, el alfa frío y autoritario que había aceptado acompañar a Lyra en su viaje, avanzó hacia el centro del círculo con la calma de alguien que sabía exactamente lo que hacía.

No había prisa en sus pasos, no había tensión en su cuerpo, solo control y autoridad natural.

Los murmullos se apagaron apenas lo vieron y todos los lobos se apartaron de su camino, abriéndole paso, no por miedo, sino por respeto.

Era evidente que todos los presentes lo reconocían como lo que era: Un líder.

—     ¿Ya han terminado de soltar todo su veneno? — Roth se detuvo junto a Lyra.

Miro alrededor con su voz baja, pero cargada de autoridad, esperando y nadie le respondió.

—     Solo decimos lo evidente… — El alfa que había hablado antes frunció el ceño. — Esa humana, intentó atacarme y sabes que en nuestra ley, eso merece la pena de muerte…

—     Te escuché decir antes que ella solo movía ramas… ¿Cómo puedes asegurar que intentó atacarte? ¿Qué pruebas tienes, alfa? ¿Cómo aseguras que no fue un error? — Preguntó Roth con el entrecejo arrugado, sin apartar la mirada.

—     Si lo que quieres decir, es que fue un error de la humana y no puede controlarse, entonces… ¿Cómo esperas que la sigamos cuando no siquiera tiene control sobre sí misma? — Gruñó el alfa, irritado.

—     Lyra no se pudo controlar por debilidad, sino por exceso, que es muy diferente… — Explicó Roth. — Su poder es demasiado grande, uno que ustedes ni siquiera llegan a entender… Ella no es peligrosa por lo que es, sino que aún no puede controlar del todo su poder…

Lyra lo miró, confundida.

—     Entonces enséñale… — Lo desafió el otro alfa. — O admítelo: esto es un error.

—     Eso es exactamente lo que voy a hacer… — Los ojos de Roth se deslizaron brevemente hacia Lyra. — Así como te enseñé a ti y enseñé a otros alfas, ¡Que no se te olvide eso, Alfa! — Recalcó Roth y el alfa solo pudo bajar la mirada.

Roth no era un alfa cualquiera para las manadas, era el líder que ocupaba el lugar de Lyra hasta que la alfa profetizada apareciera.

Hasta ahora, él había estado guiando a las manadas de las montañas, hasta ahora, él había estado manteniendo el orden y enseñando a los nuevos alfas, los más jóvenes.

Hasta ahora, él era el líder de todas las manadas, algo que iba a cambiar con la llegada de Lyra.

—     Entiendan esto, Lyra es la clave, ella es la profecía de la diosa luna y si alguien está en contra de eso, que me enfrente a mí directamente… Porque si alguien va a guiarla… seré yo. — Añadió Roth, girándose completamente hacia el círculo de lobos. — ¡Cómo lo he hecho con muchos alfas!

Los murmullos volvieron, pero diferentes, ya no eran de burla, nadie lo contradijo.

Lyra sintió cómo algo en su pecho se apretaba, Roth dio un paso más cerca de ella.

—     No estás sola… — Murmuró Roth, lo suficientemente bajo para que solo ella lo escuchara.

Y esta vez Lyra sí sintió su presencia, más cercana, más firme, amable.

No es que ya con solo ese gesto, Lyra confiaría en él, aun la energía de Roth tenía algo que no le inspiraba del todo confianza, pero en ese momento, no se sintió tan frío.

—     Tranquila, esto no te va a superar… — Continuó Roth. — Solo… aún no sabes cómo sostenerlo.

Lyra arrugó el entrecejo y contuvo la respiración, escéptica por el comportamiento de Roth, su voz no tenía dureza, tampoco lástima, era algo distinto, algo que Lyra no esperaba.

Él transmitía confianza y eso era más peligroso que cualquier amenaza de algún alfa, porque por un segundo, Lyra quiso creerle.

Roth se apartó ligeramente, lo justo para dirigirse nuevamente al resto.

—     La reunión ha terminado… — Anunció Roth a la manada. — Si tienen objeciones… Las escucharemos cuando haya resultados.

Uno a uno, los lobos comenzaron a retirarse, no convencidos, pero tampoco en contra y eso ya era una victoria.

Solo el alfa se quedó un momento más, observando a Lyra de arriba abajo, con una expresión irritada, con los brazos cruzados, como si la sola presencia de ella le incomodara.

—     Vamos, es momento de que hablemos, alfa… — Roth se acercó al alfa y se lo llevó.

Cuando el último de ellos desapareció entre las cabañas de la manada y el silencio volvió, Lyra exhaló, no se había dado cuenta de que llevaba tanto tiempo conteniendo el aire.

Sus manos aún temblaban, su cuerpo aún vibraba, su cabeza le dolía fuertemente y su mente, era un caos.

Leo, quien era el único lobo que seguía a su lado, sin intenciones de moverse, se puso al frente de ella.

—     Mírame. — La voz de Leo fue suave.

Lyra dudó un segundo, pero obedeció, sus ojos se encontraron, oscuros, profundos, desarmándola por completo.

—     Esto va a volver a pasar, muchos alfas no te aceptarán fácilmente… — Murmuró Leo. — Y cuando ocurra… no puedes dejarte afectar por ellos… Tú eres Lyra, la mujer más fuerte y valiente que conocí y por algo más grande y poderoso que todos ellos juntos, estás aquí…

—     Leo… Casi lo mato… — Lyra frunció el ceño.

—     Pero no lo hiciste.

—     No fue porque lo controlara. — Lyra apretó los labios. — No sé qué me pasó…

—     Lo sé… — Leo no la suavizó. — Y por eso, aunque me cueste admitirlo… — Se aclaró la garganta. — Necesitas aprender.

Eso la sorprendió, Leo no sonrió, todo lo contrario, aceptar que Roth tenía razón lo dijo como si le secara la garganta.

Hubo un segundo de silencio entre ellos.

—     Pero yo también puedo ayudarte a hacerlo… Puedo ayudarte a aprender… — Agregó Leo.

Lyra lo observó, buscando algo, pero lo único que encontró en los ojos de Leo, fue seguridad.

—     Gracias… — Asintió Lyra finalmente.

—     Y si me aceptas un consejo, no confíes del todo en Roth… — Soltó Leo al final.

—     Leo, ¿Acaso sabes algo que yo no sé?

—     Solo lo que me dice mi instinto… — Aseguró Leo con convicción. — Lyra, recuerda que para el mundo de Roth… Si tú te caes, todo lo demás se cae contigo.

No era una respuesta emocional, era estratégica y funcionó.

Pues en medio de todo eso, una idea peligrosa comenzó a formarse en la mente de Lyra, tal vez, solo tal vez, Leo tenía razón.

Lyra bajó la mirada, confundida y agotada, ella había salido a buscar su destino, su profecía como Alfa de todas las manadas y ahora, todo eso parecía estar en manos de dos lobos que decían ayudarla y que al mismo tiempo la reclamaban.

El alfa Roth y el beta, Leo.

Leo decía que ella era su pareja destinada por vínculo, que él la sentía y aunque Lyra sentía algo por él, no era un lazo tan fuerte.

Mientras que Roth decía que ella debía ser su pareja destinada por deber, con las manadas, y por el liderazgo, pero él siempre había sido frío con Lyra.

—     Ven… — Leo extendió su mano hacia Lyra. — Creo que necesitas alejarte y tomar un poco de aire…

Lyra dudó, pero al final lo siguió, sin darse cuenta de que ese primer paso, era el inicio de algo mucho más grande que ella.

Y mientras se alejaban de la plaza de piedra de la manada, Lyra no vio cómo, a la distancia, uno de los lobos que se había burlado antes de ella, le murmuraba a otro.

—     ¿Profecía de la diosa luna? Yo lo dudo mucho, ¿Quién creería que la diosa luna pondría a una mujer, a una humana, como nuestra alfa? Y de paso el alfa Roth le cree y la protege… Tenemos que hacer algo… Si el poder de esa humana crece… Ya no habrá forma de detenerla.

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