Mundo ficciónIniciar sesiónEmpezar de nuevo suena bien hasta que tienes que hacerlo de verdad. Los primeros días en mi nuevo apartamento fueron tranquilos, demasiado tranquilos. Al principio disfruté el silencio, la calma y el hecho de no tener que dar explicaciones a nadie, pero la realidad no tarda en aparecer: las cuentas no se pagan solas y la comida no aparece por arte de magia. Por más que quieras empezar de cero, necesitas estabilidad. Necesitaba trabajar, y ahí fue cuando entendí que esto iba en serio.
Nunca había tenido que buscar un empleo de verdad, no de esos en los que tienes que sentarte, redactar un currículum y convencer a alguien de que eres la persona adecuada.
—Esto no puede ser tan complicado… —murmuré frente a la computadora. Llevaba más de veinte minutos mirando la pantalla sin escribir una sola palabra—. Definitivamente, sí lo es.
Suspiré y, sin pensarlo demasiado, tomé el teléfono para llamar a la única persona que parecía tener las respuestas.
—Amyra, necesito ayuda.
—¿Qué hiciste ahora? —respondió ella de inmediato.
—Nada… todavía. Pero si sigo así, voy a terminar poniendo “sobreviví a una mala relación” como experiencia laboral.
Hubo un silencio y luego una carcajada del otro lado de la línea.
—Por favor, dime que no lo hiciste.
—Lo pensé.
—Voy para allá.
Horas después, gracias a su intervención, mi currículum ya no parecía un desastre. Amyra lo revisó con una mueca de aprobación técnica. —Bueno, al menos ahora no da vergüenza.
—Siempre tan motivadora.
—Para eso estoy.
Aun así, no me sentía preparada, pero lo hice de todos modos. Envié solicitudes a varias empresas; al principio con entusiasmo, luego con dudas y, después, con una ansiedad que me apretaba el estómago. Hasta que llegó la primera respuesta: "Entrevista". Solo leer esa palabra hizo que se me hiciera un nudo en la garganta.
El día llegó más rápido de lo esperado. Me arreglé más de lo normal, no porque quisiera impresionar, sino porque necesitaba sentirme segura de mí misma. «Tú puedes», me dije frente al espejo, aunque no estaba tan convencida. Llegué diez minutos antes, respiré hondo y entré. Todo iba bien hasta que llegó la pregunta inevitable: «Háblame de ti». Parecía fácil, o eso pensé, porque en ese momento mi mente se quedó completamente en blanco. Tras un silencio muy incómodo, logré articular algo.
—Soy… responsable. Y aprendo rápido.
La mujer frente a mí asintió, no muy convencida, pero tampoco decepcionada. Al salir de ahí, no supe si reír o llorar, así que opté por lo primero. Me reí sola en medio de la calle, aceptando que esto iba a ser más difícil de lo que imaginé. Pero rendirme ya no era una opción. Vinieron más entrevistas, más preguntas y más momentos bochornosos. En una de ellas, incluso olvidé el nombre de la empresa.
—¿Por qué quieres trabajar con nosotros? —me preguntaron con una sonrisa profesional.
Sonreí de vuelta, esperando que el nombre apareciera mágicamente en mi mente. No apareció.
—Porque… me gusta lo que hacen.
—¿Y qué hacemos exactamente?
Ahí supe que había perdido la oportunidad. Esa noche, derrotada, hablé con Amyra.
—Definitivamente necesito mejorar.
—No necesitas mejorar —me corrigió ella—, necesitas prepararte, practicar y confiar en ti alexandra puedes lograrmuchas cosas, no permitas que un error del pasado sea el muro que no te permita vivir el presente y trabajar en tu futuro.
Amyra tiene razón, ya era tiempo de superar y dejar todo atras. No puedo perder más el tiempo.
Así que comence a trabajar en mi, investigué, leí y practiqué respuestas frente al espejo. No fue elegante, pero funcionó. Poco a poco dejé de sentirme fuera de lugar y empecé a confiar, aunque fuera un poco. Entonces llegó una oportunidad diferente: una empresa más grande, más seria y mucho más intimidante.
—Ve —me animó Amyra—. Peor que las anteriores no puede ser.
—No digas eso. Siempre puede ser peor.
—Confía tengo la sensación de que en está ocasión puede ser diferente.
Respiré hondo y acepté el reto, pensando — no puede ser peor que las anteriores, verdad?







