El primer día siempre pesa más de lo que uno admite, no por lo que va a pasar, sino por todo lo que podría salir mal. Me detuve frente al edificio unos segundos; era el mismo del día anterior, pero no se sentía igual. Ayer era una posibilidad; hoy, era real. Respiré hondo y entré.
—Buenos días —saludé en recepción.
—Buenos días —respondió la joven sin levantar demasiado la mirada—. ¿Nombre?
—Alexandra Torres. Empiezo hoy.
Revisó la pantalla unos segundos y asintió.
—Sí, aquí está. Puede pasar,