Cuando Yago y Nant llegaron al lobby de la imponente torre de CIRSA, el sol de la tarde comenzaba a filtrar sus últimos rayos a través de la fachada de cristal, pintando el amplio espacio con tonalidades cálidas y doradas. El bullicio habitual de la jornada laboral se atenuaba, transformándose en el suave murmullo de los ejecutivos y empleados que terminaban su jornada, sus pasos apresurados resonando en el mármol pulido del vestíbulo. Se podían escuchar fragmentos de conversaciones sobre cierr