La brisa salada que subía desde la Bahía de Santa Lucía traía consigo el aroma de la noche tropical, una mezcla de mar, jazmines y el perfume costoso de los comensales de "Altamira Bay". Sin embargo, en la mesa principal de la terraza, la atmósfera tenía una densidad propia, una gravedad generada no por el clima, sino por la colisión silenciosa de dos imperios.
La cena había llegado a esa pausa natural donde los platos están vacíos y las copas medio llenas, el momento preciso en que se definen l