Con el desayuno de Carlos asegurado, un pequeño oasis de humanidad en medio de la vorágine, Yago y Nant se dirigieron resueltamente hacia la imponente entrada del Hotel Central. La breve pausa que Yago había dedicado a su chofer, aunque conmovedora para Nant, había terminado de forma abrupta. Ahora, la seriedad del momento inminente con Joren se cernía sobre ellos como una densa niebla matutina, cargada de una tensión silenciosa. La atmósfera de la mañana, que había comenzado con toques de tern