Cuando Yago y Nant finalmente llegaron a la cafetería del Hotel Central, un espacio elegante pero ruidosamente concurrido con el murmullo de las conversaciones matutinas, Joren ya los esperaba. Su figura alta y esbelta destacaba ligeramente entre los demás clientes, su expresión tensa y expectante. La atmósfera en el aire era densa, una tensión palpable que Nant percibió de inmediato, una opresión casi física que la hizo sentir incómoda y expectante. A medida que los dos hombres se acercaban el