Al día siguiente, la tormenta mediática seguía azotando con la misma intensidad. La imagen de Yago, su nombre y el de CIRSA, eran pasto de los noticieros y las redes sociales. Yago se despertó con el peso de la crisis aún sobre sus hombros, aunque la presencia de Nant a su lado había aliviado, al menos por unas horas, la soledad y la angustia.
Estaba revisando los titulares en su tableta, sentado en el sofá de la sala, mientras Nant aún dormía profundamente en la recámara, cuando su teléfono so