La puerta de madera laqueada de la habitación principal se cerró con un clic suave, pero para Yago del Castillo, ese sonido tuvo la finalidad de una sentencia. Se quedó de pie en el pasillo de la suite, con la mano aún apoyada en el pomo dorado, sintiendo cómo la madera vibraba levemente, como si del otro lado Alina también estuviera apoyada, respirando contra la barrera que él acababa de imponer.
Yago soltó el pomo y exhaló un aire que había retenido en los pulmones durante los últimos diez mi