El rechazo de Yago, aunque envuelto en palabras de honor y respeto, golpeó a Alina con la fuerza de una bofetada física. Para una mujer que había sido criada para ser una reina, para no recibir nunca un "no" por respuesta, la negativa de Yago de tomarla en ese momento preciso fue devastadora.
Las lágrimas brotaron de sus ojos grises, calientes y rápidas. No eran lágrimas de tristeza melancólica; eran lágrimas de frustración pura, de ira contenida y de una vergüenza que le quemaba la piel. Se se