El sonido de las voces alteradas afuera, seguido por el silencio repentino y luego el murmullo de una conversación íntima, obligó a Vera a levantarse del sofá. La curiosidad, mezclada con una premonición pesada en el estómago, la empujó hacia la puerta.
Salió al porche de cemento justo a tiempo para presenciar la escena que tanto temía. Vio la espalda de su hermana, inclinada hacia el interior de una camioneta monstruosa que parecía devorar el espacio de la calle. Y luego, a través del hueco de