La cena transcurrió en una atmósfera inusual para la residencia Del Castillo. En la mesa, la sofisticación de la langosta y la pasta fresca se mezclaba con la energía renovada de Mateo y la hospitalidad silenciosa de Albert. Yago, aunque mantenía su porte imponente, parecía disfrutar del caos controlado que él mismo había provocado.
Antes de dar el primer bocado, Yago llamó la atención de su mayordomo.
—Albert —dijo con tono serio—, después de cenar, o si puedes ahora mismo de forma discreta, c