Antes de bajar las escaleras de la terraza hacia la entrada donde el auto rugía en espera, Nant se detuvo. Miró a su alrededor nerviosamente, asegurándose de que Albert no estuviera cerca para escuchar. La inseguridad que Aline había sembrado en su mente, sumada a la intensidad física sin barreras que acababan de compartir, la empujó a hablar.
—Yago... —dijo ella, deteniéndolo del brazo—. Si sabes que las veces que lo hemos hecho ha sido sin protección, ¿verdad?
Yago se detuvo y la miró, tranqu