La puerta de caoba maciza del despacho principal se abrió con un sonido pesado y solemne. Igor y Sergei Korályov entraron en la oficina, arrastrando los pies con una mezcla de arrogancia habitual y una cautela aprendida tras la bofetada de la mañana. Esperaban encontrar a su padre detrás de su escritorio, parapetado tras su fortaleza de roble, listo para gritarles o asignarles nuevas tareas humillantes.
Pero lo que encontraron los descolocó al instante.
La geografía del poder en la habitación ha