El aire en la terraza VIP de "Altamira Bay" se tensó como la cuerda de un violín a punto de romperse. Los meseros habían llenado las copas de los Korályov de la Vega con un vodka helado, translúcido y viscoso, traído de una reserva privada que Viktor guardaba en el restaurante.
Viktor alzó su copa, el cristal brillando bajo la luz de la luna.
—Za zdorov'ye (A la salud) —pronunció el Patriarca, su voz retumbando como un trueno lejano—. Porrr los caminos que se crrruzan.
Sus hijos, Sergei e Igor,