La ciudad de Puebla se deslizaba bajo ellos como un tapiz de luces ámbar. El helicóptero avanzaba con una velocidad constante, alejándose del centro urbano hacia la periferia oscura.
Nant, mirando por la ventanilla y luego a Yago, rompió el silencio a través de los auriculares.
—¿A dónde vamos exactamente? —preguntó, con una mezcla de curiosidad y escepticismo—. Dudo mucho que haya algún restaurante en toda la ciudad que tenga un "Valet Parking para helicópteros" en la entrada.
Yago soltó una ca