Carlos cerró la pesada puerta del helicóptero con un golpe seco y hermético, sellando el interior lujoso de la cabina del caos exterior. Inmediatamente, el rugido de la multitud universitaria y el viento se amortiguaron, reemplazados por el zumbido tecnológico de la aeronave. Carlos tomó su lugar en la cabina de mando, ajustándose sus propios controles con la eficiencia de quien ha hecho esto mil veces.
Yago, sentado frente a Nant en los asientos de piel ejecutiva, se inclinó hacia ella. Le ext