La brisa cálida y húmeda del Pacífico entraba apenas un instante antes de que Carlos cerrara la puerta de la camioneta blindada, sellando nuevamente a la pareja en su burbuja de aire acondicionado y cuero.
Nant seguía mirando la nuca de Carlos a través del cristal divisorio, y luego volvía la vista hacia los asientos, el tablero, los acabados de madera. Era, sin lugar a dudas, el mismo vehículo en el que Yago se desplazaba habitualmente cuando estaba en Puebla y Veracruz.
—Es... surrealista —mur