Cuando King terminó de hablar con Belém, un silencio pesado se instaló en la oficina. La frase "Por eso me fui. Y por eso me quedé" seguía resonando en el aire, una bofetada helada que había dejado a Belém sin aliento. King, como si el momento de revelación no hubiera existido, se dio la vuelta para irse. Pero antes de cruzar el umbral de la oficina, hizo un gesto que para Belém fue la confirmación final de su estatus en la vida de ese hombre.
King estiró su mano y, de una manera casual, casi p