King terminó de escuchar el desgarrador relato de Belém. El silencio que siguió al final de su confesión fue más pesado que cualquier palabra. Belém, vulnerable y expuesta, sintió el peso de su propia verdad. King, con un movimiento lento y calculado, se levantó de la silla de Belém. Sus ojos, antes fríos y distantes, ahora la miraban con una mezcla de lástima y hastío. Belém, en un acto reflejo, intentó recuperar el control, el arma más poderosa que tenía. Se acercó a él, su vestido una provoc