El corazón de Belém latía con una mezcla de furia, terror y una humillación que no había sentido en mucho tiempo. Al llegar al despacho, la atmósfera se sentía diferente. El zumbido de la actividad habitual había desaparecido, reemplazado por un silencio pesado, opresivo, que presagiaba una tormenta. Sus pasos resonaron en el mármol pulido mientras se dirigía a la oficina principal, su santuario, el lugar que ella había hecho suyo con tanto esfuerzo y astucia.
La puerta de su oficina, de impone