El aire en la suite presidencial del hotel se había vuelto un torbellino de sensaciones, cargado con la electricidad de sus cuerpos desnudos y el aroma embriagador de sus pieles. Yago, con una fuerza controlada y una ternura que contrastaba con la intensidad del momento, se movía sobre Nant. Yago penetraba a Nant, un movimiento lento y deliberado al principio, luego más rítmico, una danza ancestral que los unía. Nant, tendida bajo él, sentía cada milímetro de su avance. Era una sensación de ple