El aire en la suite presidencial del hotel vibraba con una electricidad palpable, densa con el calor de sus cuerpos desnudos y el aroma embriagador de sus pieles mezclándose. Yago estaba ahora completamente encima de Nant, su peso sostenido por sus fuertes brazos, que se apoyaban a ambos lados de su cabeza. Ella, acostada sobre la suavidad de la cama King Size, con las piernas ligeramente abiertas en una invitación tácita, veía cada gesto que Yago le hacía, cada movimiento de sus músculos tenso