El suave murmullo del restaurante, que había sido brevemente interrumpido por el tenso intercambio entre los hermanos Castillo, volvió a llenar el aire. En ese preciso instante, como si lo hubieran conjurado, el mesero regresó a la mesa, su presencia interrumpiendo la conversación crucial, una pausa bienvenida en la creciente tensión. En sus manos expertas, transportaba una bandeja plateada donde reposaban las bebidas y los primeros platos. Con una gracia silenciosa, digna de un bailarín, el me